La Filandorra
Integra el grupo de El Mal (Los Feos) junto al Diablo. Lleva la cara tiznada,
un sombrero, chaqueta y saya negros recubiertos de tiras de trapos de colores.
A la cintura lleva colgados 7 cencerros y en sus manos un cinturón de cuero y un tizón, con el que tizna a los asistentes a la mascarada.
Representa a una mujer desaliñada sometida al pecado, que es su cómplice.
El Diablo
Viste de rojo jersey y medias; el pantalón es de color beige con cintas rojas.
Lleva cubierta su cara con carocha de piel de cabra y cuernos del mismo animal
a la que se le ha adaptado una placa de acero inoxidable calada para facilitar la visión.
A la cintura lleva colgados cencerros y en sus manos un cinturón de cuero
con el que golpea a quienes logra alcanzar.
Su papel en la representación de El Mal es el Pecado.
El Galán
Pareja de la Madama dentro de El Bien (Los Guapos). Viste atuendo tradicional de la zona:
camisa de lino, chaleco negro, pantalones de paño, sombrero con tocado blanco que le cae lateralmente y pañuelo de ramo a la cintura. Lleva castañuelas.
Representa la parte ceremoniosa del recorrido, felicita en las casas y golpea a los asistentes a la fiesta
con sus castañuelas.
La Madama
Forma pareja con el Galán dentro de El Bien (Los Guapos). Luce traje tradicional:
camisa de lino, manteo, mandil, gabacha, pañuelo merino a la cabeza, atado al cuello, y medias blancas.
Lleva también castañuelas.
Representa el contrapunto de compostura frente al desorden ritual de los Feos.
El Cerrón
En el año 2024 se recuperó el personaje del Cerrón gracias a documentación, algunas fotos y la memoria de los más mayores.
El Cerrón antiguamente recogía el aguinaldo: productos de la matanza, que hacían en algunas casas y lo repartía entre las casas más desfavorecidas.
Su función actual es organizar el recorrido y asegurarse de que todo vaya dentro de lo establecido.
Hoy en día lleva zurrón de cuero, junto con el resto de vestimenta: pantalón de pana, chaleco, camisa, botas y una boina.
Pasado y futuro
Una tradición recuperada por el pueblo
La Filandorra de Ferreras de Arriba, en la provincia de Zamora, es una de las mascaradas de invierno con raíces más antiguas del territorio. Su origen se pierde en la tradición popular de generaciones pasadas, cuando el invierno era escenario de rituales, personajes enmascarados y celebraciones cargadas de simbolismo.
La fiesta ha sabido renacer gracias al compromiso de todo un pueblo que ha mantenido viva su memoria y su identidad. Fue posible gracias al impulso de los propios vecinos, con un papel fundamental de un grupo de mujeres que rescató la tradición y reconstruyó con esmero las vestimentas y la esencia de la mascarada.
Hoy, la Filandorra recorre las calles cada 26 de diciembre, manteniendo viva una tradición que une pasado y presente. La Asociación Cultural “Amigos De La Filandorra”, junto con artesanos locales y el apoyo del ayuntamiento, trabaja en la conservación de esta herencia cultural, asegurando su continuidad y difusión.
El pueblo ha sabido convertir la memoria en presente, un monumento conmemorativo, un museo y la difusión digital contribuyen a mantener viva esta manifestación única del patrimonio zamorano.
Aunque la celebración ha incorporado algunos cambios con el paso del tiempo, su esencia permanece intacta. La Filandorra sigue siendo un punto de encuentro entre generaciones, donde la juventud participa activamente y mantiene vivo el legado. Además, su proyección ha traspasado fronteras, con participaciones en desfiles internacionales en ciudades como Lisboa o Bragança, convirtiéndose en un embajador vivo de la cultura tradicional de Zamora.